Analía Gerbaudo Doctora en Letras Modernas y Magister en Didácticas Específicas Universidad Nacional del Litoral (Argentina) y Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET)
Resumen: Analizar el proceso de importación de teorías que se produce en Argentina a partir de las operaciones realizadas por teóricos y críticos literarios que enseñaban en las universidades de ese país entre 1960 y 1970 es el objetivo general de la investigación realizada en el marco de una Beca Posdoctoral del CONICET y esta comunicación, uno de sus avances. Este artículo recupera algunas de las prácticas innovadoras que David Viñas y Adolfo Prieto llevaban adelante desde sus cátedras en la Universidad Nacional del Litoral. La ampliación del recorte temporal a 1953 obedece a la necesidad de incluir sus primeros ensayos y publicaciones. Se busca que esta revisión de escritos como de prácticas docentes ayude a reconstruir y a reactualizar el panorama de las producciones teóricas y críticas elaboradas desde Latinoamérica.
Palabras clave: teoría literaria, enseñanza, recreación, innovación, crítica literaria latinoamericana
Preguntas no retóricas
En las últimas Jornadas Andinas de Literatura Latinoamericana Memorias Culturales: circulación del conocimiento en la educación y en la sociedad (JALLA 2006) Nelson Osorio interroga los modos de producir crítica en Latinoamérica reinscribiendo las preocupaciones de Ángel Rama y de Cornejo Polar, entre otros. En esa dirección pregunta: ¨¿existe una tradición de pensamiento, estudio y reflexión crítica en nuestra América Latina?¨. Y continúa: ¨¿Hay un pensamiento crítico latinoamericano o hemos sido y somos simplemente usuarios de lo que pensaron otros?¨ (10). Unos párrafos más adelante retoma desde otro lugar la misma cuestión al incluir en el problema las formas de inclusión y de exclusión practicadas no sólo por quienes enseñan en centros universitarios de otros continentes sino también por los docentes y críticos que producen y enseñan en éste: ¨¿Formamos o no parte de la historia de la crítica?¨ (10).
En su conferencia Osorio revisa los habitus (Bourdieu 7-26) de profesores, críticos y ensayistas: pasa revista a los criterios que orientan los seminarios universitarios de teoría y crítica literarias, a las políticas de difusión del conocimiento y señala la ausencia de una historia de la crítica producida en Latinoamérica.
Casualmente en ese mismo encuentro presenté uno de los primeros avances de una investigación en curso destinada a analizar las operaciones de importación de teorías realizadas por los críticos literarios que trabajaban en Argentina entre 1960 y 19701. Investigación en la que me centro en los programas de cátedra y en las publicaciones de profesores que han ejercido la docencia en ese arco temporal en materias como ¨Literatura argentina¨, ¨Literatura latinoamericana¨ y/o ¨Introducción a los estudios literarios¨ de las carreras de Letras de la Universidad de Buenos Aires y de la Universidad Nacional del Litoral. 2 La elección de estas dos universidades está ligada al papel que los profesores que allí se desempeñaron jugaron en las ¨discusiones¨ y ¨polémicas¨3 desatadas entonces. Puntualmente intento precisar qué se ha hecho con lo que ¨importado¨ a la hora de leer la literatura escrita en Argentina y en América Latina: ¿cómo se leen las teorías que ingresan?, ¿a qué procedimientos dan lugar? ¿Se crean teorías de la literatura en la Argentina en este período? ¿Se inventan nuevos modos de leer y de escribir sobre la literatura? ¿A quién se lee desde estos sectores en Argentina por estos años, cómo se lee y por qué?
En el artículo analizo además parte de la producción de Adolfo Prieto: docente, crítico y ensayista que me permití poner en correlación con Pedro Henríquez Ureña. Pensadores a los que no les cabe la distinción entre ¨intelectual¨ y ¨científico¨ (Gutiérrez Girardot 16) o entre ¨intelectual¨ y ¨experto¨ (Neiburg y Plotkin 15).
Investigando los papeles y los programas de cátedra firmados por Adolfo Prieto entre 1959 y 1966 encontré algo singular. El programa correspondiente al año 1964 variaba notoriamente los contenidos y la bibliografía y estaba firmado por David Viñas con quien Prieto había trabajado en los tiempos de Contorno (la revista que junto a Ismael Viñas arman hacia 1953).
Por aquellos años Prieto reunía los roles de decano y de profesor universitario. En 1964 acepta que alguien lo reemplace en la cátedra y elige a Viñas para dicha tarea. Aclara: ¨al menos por un año, tenía derecho a que alguien me relevara de mis funciones docentes. Entonces lo propuse a David¨ (Prieto Entrevista 4).
Me interesa analizar en esta ocasión qué se juega en ese reemplazo y qué muestra en relación al eje sobre el que gira mi investigación. ¿Por qué Prieto elige a Viñas?: ¿qué producía, había producido o estaba produciendo ese joven a quien Prieto le confía su cátedra?; ¿qué preguntas se hacía en relación a la lectura de la literatura argentina?; ¿qué prácticas promovía desde sus escritos y cuáles promovería desde su espacio docente? Las respuestas a estas últimas preguntas pueden leerse también como una posible respuesta a las que Osorio plantea y que se han consignado al inicio de este apartado.
Adolfo Prieto y David Viñas: profesores, ensayistas, escritores
Cuando David Viñas se hace cargo de la cátedra de Prieto salía a la venta el texto que Carlos Altamirano pone en serie con uno firmado por Adolfo Prieto: Literatura argentina y realidad política de Viñas y Sociología del público argentino de Prieto son para Altamirano las muestras de un ¨cauce histórico-crítico¨ que evalúa como uno de los más productivos de la crítica literaria argentina. En esa línea lee el libro de Viñas: ¨antes que una historia de la literatura¨ es una ¨historia de las elites letradas que tiene en el ‘europeísmo’ una de sus claves¨ (Altamirano Programa 75).
Si bien en términos generales se advierten coincidencias teóricas en los trabajos de Viñas y de Prieto (especialmente en el modo de pensar la relación entre literatura y contexto), como es de esperar en estos ensayistas, sus escrituras los diferencian.
Entre los puntos de contacto cabe destacar el interés por los mismos textos, por el público al que han apuntado o por lo que han motivado en ese público: Martín Fierro de Hernández, Los 7 locos o Los lanzallamas de Arlt, los ensayos de Martínez Estrada. También se observan reticencias parecidas para con los mismos autores: Mansilla, Cortázar, Borges. No obstante cada uno firma sus ensayos y también sus programas de cátedra imprimiéndoles un estilo peculiar: las relaciones entre literatura y política, entre el texto y su ¨contorno¨ están presentes en ambos pero con una atención mayor hacia el segundo aspecto en Viñas y hacia el primero en Prieto.
La organización de los programas de cátedra de Prieto se realiza teniendo en cuenta movimientos estéticos o figuraciones de la literatura tendientes a crear mitos o estereotipos. Por ejemplo, el programa de 1960 se arma atendiendo a esta primera cuestión señalada y se corta en bloques siguiendo esta línea: ¨El neoclacisismo¨, ¨Los últimos románticos¨, ¨El realismo costumbrista¨. El de 1962 se estructura en base a un tópico: ¨El tema del desierto en la literatura argentina¨. El de 1966 en torno de otro: ¨La imagen del gaucho¨. Su práctica docente está cruzada por las mismas preocupaciones que exhiben sus ensayos. Por ejemplo, en el programa de 1960 incluye como contenido una hipótesis clave de Sociología del público argentino. Rompiendo la formulación un tanto descarnada que suele encontrarse en los programas de cátedra, Prieto adelanta sus puntos de vista al armar sus unidades. Escribe: ¨El intento de una literatura popular. José Hernández, Martín Fierro¨ (Prieto Planificación 1).
Con un matiz diferente, Viñas lee cómo en la literatura se cuela la ideología de quien escribe, su ¨sentido común de clase¨ (podríamos decir, siguiendo a Gramsci Cuadernos). Su programa de 1964 muestra esta decisión teórica que, como toda decisión teórica, supone convicciones éticas y adscripciones políticas. Las seis unidades que lo componen se cortan desde esta matriz: la unidad 1 recupera la literatura producida en los tiempos del Virreinato del Río de la Plata; la 2, ¨Imperialismo, testimonio y literatura¨, la que se escribe en el tiempo de las invasiones inglesas escrutando el público al que va dirigida y precisando quiénes eran los protagonistas de los textos, los héroes de las historias que se cuentan desde determinados sectores; la 3, ¨Revolución y literatura¨, retoma y revisa un momento escolarizado de nuestra historia nacional; la 4, ¨Rivadavia y el oficialismo literario¨, se centra en las tensiones entre unitarios y federales y las representaciones de ¨cultura¨ implícitas en esa tensión y en las diferentes (re)presentaciones de esa tensión.
Las unidades 5, 6 y la ¨parte especial¨ de su planificación merecen una consideración particular debido a que exhiben lo que sin lugar a dudas han sido las obsesiones de Viñas o, dicho de otro modo, las preocupaciones que alentaron la decisión de escribir y de volver a escribir sobre los mismos tópicos. Copio sin omisiones estos puntos de su programa:
5. Rosas y el romanticismo argentino. Historicismo y nacionalismo; el romanticismo social. La tradición liberal: la herencia unitaria y la polémica generacional. Fascinación y denuncia del rosismo. De la síntesis cultural al maniqueísmo literario: civilización y barbarie: formulaciones teóricas, programa, desplazamiento y polarización. Los núcleos de la emigración: Montevideo, Santiago, La Paz y Río de Janeiro.
a- Echeverría: marginalidad e integración del intelectual.
b- Mármol: los dos ojos del romanticismo. Generación y privilegio.
c- Sarmiento: desierto y público europeo.
d- Vicente López: herejía y antihispanismo.
e- Alberdi y el programa liberal-romántico: teoría, realización y contradicciones.
6. Roca y la generación del 80: del liberalismo al darwinismo social. Sucesión y realización de Alberdi; el último Sarmiento: Conflictos y armonías de las razas en América. Positivismo y naturalismo: la influencia de Zola y la adecuación en el Río de la Plata; fuentes literarias, modas, interculturación. Los prolegómenos del modernismo.
a- Mansilla: clase, clientela y público literario.
b- Cané: miedo y estilo.
c- López: La gran aldea: novela, urbanismo y relaciones patriarcales.
d- Cambaceres: fiscal y testigo del 80; dialéctica del afuera y del adentro.
e- Martel y los ‘demonios’ del 90.
(Viñas Planificación 2)
Anticipaba que Viñas anexa a estas seis unidades una ¨Parte especial¨ configurada en torno de lo que Dalmaroni llamaría ¨corpus de autor¨ (109). En este caso la figura que centra la atención del crítico es Lugones; escritor al que vuelve en diferentes ensayos4, sobre el que había trabajado en un artículo que escribe para la revista Centro5 (cf. Viñas, 1953) y que aparece algunos meses antes del lanzamiento de Contorno. Este artículo se considera el primer espacio en el que se inscribe la palabra ¨contorno¨ que termina dando nombre a la revista (Capdevila y Avaro 17) y construyendo además una categoría de análisis que funciona como una sinécdoque de la propuesta teórico-metodológica del grupo que formaba junto a su hermano Ismael, Adolfo Prieto, Ramón Alcalde, Noé Jitrik, Oscar Massota, entre otros. Una propuesta que revisa las cerrazones filológicas y estilísticas desde un cruce original de las teorías de Goldmann, Lukács, Sartre y el psicoanálisis. En el caso particular de Viñas se observará tanto en sus ensayos como en su programa de cátedra la decisión de leer el ¨contorno¨ social en la literatura:
Lugones: literatura y situación; historia y estilo, elección fundamental, procedimientos y comunicación. Valores estéticos y autenticidad.
a- Lugones y las masas
b- Lugones y el héroe
c- Cómo se veía Lugones
d- Cómo era visto Lugones
e- Situación real de Lugones: trascendencia y actualidad
(Viñas Planificación 3)
Si en Prieto la relación entre investigación y enseñanza es visible a partir de la reinscripción de los mismos problemas en sus ensayos y en los contenidos que elige desarrollar en su cátedra6, en Viñas es obvia: algunos problemas se escriben incluso siguiendo igual formulación. Por ejemplo, los puntos a y b de su unidad 6 se reiteran en Literatura argentina y realidad política. Apogeo de la oligarquía: las mismas expresiones, los mismos sintagmas se inscriben casi sin variación en el programa y en el libro (en este último caso, constituyen los títulos de los dos primeros capítulos).
Más allá de este refuerzo evidente me interesa traer algunos argumentos que permitan justificar mi afirmación anterior que tiende a señalar los ejes en torno a los cuales gira la obra de Viñas (hablo de ¨obra¨ deliberadamente aludiendo al trabajo que ha desarrollado a lo largo de su vida incluyendo los textos que exceden nuestro corpus de investigación, es decir, los que produce después de 1970). Para ello voy a dar un rodeo que intenta clarificar qué había escrito Viñas hasta 1964, desde qué posición escribe y qué escribirá en los años posteriores.
Por una crítica literaria con sello argentino y latinoamericano
Sin desconocer las discusiones en torno de los equívocos y malentendidos que el concepto de ¨identidad¨ latinoamericana o argentina o peruana puede acarrear7, me parece importante el intento de producir crítica atendiendo a los rasgos y contornos de nuestro espacio sin negar con ello la importación de teorías y de formulaciones categoriales, si ayudan a este fin. Pensemos, por ejemplo, en el modo en que las teorías de Lukács o de Goldmann son revisadas y rearticuladas en los escritos de Prieto, en los de Viñas: lejos de una marcha sonámbula, sus propuestas promueven formas de lectura que se potencian desde nuevas categorías.
Observemos, a modo de ejemplo, dos recolocaciones productivas de aseveraciones que Viñas importa. Una, la que deja entrever el epígrafe de su tesis doctoral, Laferrère. Del apogeo de la oligarquía a la crisis de la ciudad liberal (investigación defendida en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional del Litoral y publicada en 1965). Como acontece con los buenos trabajos, los epígrafes y los títulos suelen funcionar como un adelanto, una promesa o un intento de síntesis de lo que vendrá a continuación. En este caso, el título anticipa un recorrido que el ensayo realiza ya que la lectura de la producción teatral de Laferrère se trama desde el marco de los cambios políticos, sociales y culturales que se generan en Argentina los primeros años del siglo XX. Lectura que se esfuerza por mostrar hasta qué punto la pertenencia del autor a una determinada clase social (la misma que ese autor imagina y desea como público de sus obras) condiciona su escritura, determina sus tópicos, motiva la decisión de retirar una puesta en escena cuando descubre que en su texto se había excedido deslizando comentarios inadecuados para los destinatarios buscados (como bien señala Derrida, ¨hablar me da miedo porque sin decir nunca bastante, digo siempre demasiado¨ -Escritura 18-).
El epígrafe funciona como una suerte de condensación teórico-metodológica: una explicitación de la apuesta de Viñas. Un modo de mostrar desde dónde lee, cómo piensa la relación entre literatura y cultura y qué espera de un ensayo crítico:
‘Para el materialismo histórico, el elemento esencial en el estudio de la creación literaria reside en el hecho de que la literatura y la filosofía son, en planos diferentes, expresiones de una visión del mundo y que las visiones del mundo no son hechos individuales sino hechos sociales’ (Goldmann en Viñas Laferrère 6)
Otro epígrafe, otra recolocación y otra decisión metodológica, epistemológica y política: Literatura argentina y realidad política. De Sarmiento a Cortázar se abre con una frase de Mao que transparenta la posición de Viñas respecto de la importación de teorías. Explicitación que realiza a través de un movimiento de ¨bucle extraño¨ o de ¨jerarquía enredada¨ (Hofstadter Gödel 12) consistente en colocar como epígrafe de su libro una cita importada que a la vez propone una política de la lectura que lucha contra la colonización, contra la adopción acrítica de las teorías, contra la introducción automatizada de los marcos desde los cuales se obtura la mirada sobre los problemas locales:
Por cierto: es imprescindible estudiar los textos marxistas, pero sin olvidar jamás de verificarlos con la realidad de nuestro país. Los libros son necesarios, pero debemos criticar enérgicamente su santificación si nos aleja de nuestra realidad concreta. (Mao en Viñas De Sarmiento 10)
Estos epígrafes no hacen más que señalar la continuidad con el trabajo que Viñas había desarrollado en Contorno: en la editorial número 3 de la revista se abre un diálogo con el grupo que escribía en Marcha. El comentario retoma la caracterización hecha desde la publicación uruguaya sobre la revista argentina: desde el otro margen del río se subraya que en Contorno se alternan ¨elogios y palos¨. Utilizando expresiones del lunfardo que subrayan el antiacademicismo promovido desde la propia academia de la que participaban de formas diversas los integrantes del grupo, responden: ¨Solamente los indiferentes -o los preocupados por otros menesteres- pueden ser generosos o condescendientes a la marchanta¨ (Terrorismo 15).
La lucha contra la complacencia, la gentileza por temor, el ¨espíritu sumiso¨ o ¨de pelotón¨ es la marca del trabajo de Viñas. El polemista que logra ser gracias a su escritura arremete contra el ¨toqueteo ambiguo sin esfuerzo ni fidelidad¨ (Viñas Historia 31), contra las importaciones cuando son un mero gesto esnob, cuando banalizan aquello a lo que aluden y, en especial, cuando más que permitir pensar lo propio no son sino síntoma de un espíritu colonizado que cree legitimarse nombrando a quienes escriben desde ciertos lugares encumbrados. En esa línea se burla de quien ¨cita a Proust para explicar la calle Corrientes¨ (Viñas Arlt 83).
Probablemente sin haberse interesado por el ¨ programa¨ que Derrida crea por esos años y que difunde en De la grammatologie, Viñas inventa un sistema de legibilidad que podríamos llamar desconstruccionista avant la lettre ya que recurre a una operación similar a la utilizada por el francés cuando lee un texto teórico: más que apelar a la intencionalidad de quien escribe, tanto Viñas como Derrida leen lo que el otro hace cuando escribe, lo que puede cuando escribe. En su tesis sobre Laferrère, Viñas se centra en cómo eso que puede o que no puede el escritor se conecta con el entorno en que produce, con las marcas de su clase, con las características del receptor que busca atrapar. Su toma de distancia del modo en que la ¨crítica tradicional¨ ha leído a Laferrère le permite ubicarse en otra posición: la del que atiende a la diferencia entre los ¨gestos¨ de un autor y sus ¨actos¨ (distinción equiparable a la que Derrida observa entre lo que un autor promete o declara realizar y lo que realmente hace, lo que efectivamente puede hacer cuando escribe).
Para su análisis Viñas realiza una minuciosa descripción del período en que Laferrère escribe situando su obra en el marco de complejos procesos de cambio social que anuncia en una frase: ¨del apogeo de la oligarquía a la crisis de la ciudad liberal¨. El estudio que concluye con una clasificación de las obras de Laferrère atendiendo al modo en que su escritura se sujeta a los mandatos de su clase (con variaciones en distintos momentos) practica una suerte de movimiento espiralado sobre las mismas hipótesis que se van complejizando a medida que se retoman en cada capítulo. Si en el capítulo I recomienda tomar con ¨cautela¨ el modo en que Laferrère describe su trabajo de escritor ya que lejos de acercarse al diletante que pintan sus auto-figuraciones, sus prácticas evidencian ¨preocupaciones de profesional de la literatura¨ (Viñas Laferrère 12), en el capítulo IV afina esa hipótesis, previo desarrollo de los cambios culturales y políticos que se producen en Argentina entre 1880 y los primeros años del siglo XX (a la sanción de las leyes laicas de educación común y matrimonio civil de los 80 se contrapone la no sanción de la ley de divorcio en 1902; la Ley de Residencia de 1902 cierra el proceso de apertura inmigratoria -cf. Viñas Laferrère 13-23-). Según Viñas las representaciones que Laferrère construye de su trabajo intentaban amortiguar un presunto golpe, un virtual fracaso ante ¨escritores profesionales que no son de su clase¨ (Viñas, 1965: 44) y ante los que se sentía expuesto. En todo caso, el juicio de ¨mal escritor¨ parecía pesarle menos que la exclusión de su grupo social: ¨Laferrère no era un rebelde... Y por sobre todo, prefería no ser excluido ni quedarse solo¨, dirá Viñas (Laferrère 126) en el penúltimo capítulo de su trabajo. Afirmación demostrada con la colección de anécdotas que reúne y que lo ¨pintan¨ de cuerpo entero: la obra que retira de cartel por temor a haberse excedido con la escritura, la cena que ofrece en el Círculo de Armas junto a la presentación de Jettatore. Uno de los asistentes recuerda: ¨‘y a los postres nos leyó su Jettatore, entre aplausos y carcajadas’¨. Mordaz, Viñas afirma: ¨Y ‘entre eructos’, podría haber agregado, pues en el universo de consumición pura ‘probar’ el teatro o ‘picar’ una paella implicaban ademanes análogos¨ (Laferrère 65).
Si podemos leer en este texto ecos de categorías importadas del marxismo, en Literatura argentina y realidad política. De Sarmiento a Cortázar esta opción se declara. Tomando distancia de una ¨explicación sociológica¨ de la literatura, Viñas inscribe su trabajo como una ¨lectura política de la literatura de nuestro país entendida como un texto único, corrido, donde la burguesía argentina habla¨ (De Sarmiento 10). Ya desde estas primeras líneas del ¨Prólogo¨ se observan conceptos tomados de esta tradición que luego se nombra: Viñas nuevamente toma distancia de otros grupos y esa actitud le permite instalar su posición reinscribiendo los credos de Contorno. ¨No nos conformaban el peronismo en lo político ni Sur en la universidad¨, dice. ¨Y siguen sin conformarme¨, acentúa, ya desde el plano individual. Y aquí se separa de la ¨teoría desencarnada que pretendía tener de su lado los universales¨ (De Sarmiento 11); alusión en la que es posible leer una referencia al estructuralismo y a la filología. Corrimiento que le permite inventar su propio modo de leer la literatura argentina y de escribir sobre la literatura argentina revisando también importaciones enjuagadas, deflecadas o edulcoradas de la teoría a la que adscribe: ¨la propuesta de una versión global, desde un marxismo que se quiere crítico y se distancia de versiones más o menos mecánicas, oportunistas y de secta y que, a la vez, incorpora resultados metodológicos logrados en otras perspectivas, no existía¨ (Viñas Laferrère 12). Contra la ausencia que denuncia, trabaja: ¨Por eso, de aquí en adelante, mis propuestas¨ (Laferrère 12).
El escritor que Viñas es, su potencial para producir buenos textos, se despliega más en sus ensayos que en su literatura8, tal como afirma Martín Prieto (337). Los títulos que enmarcan sus lecturas de El Matadero, Amalia, Martín Fierro y los otros textos que componen su corpus, se retoman desde formulaciones que justifican invertir tiempo en leerlos. Por ejemplo, su conjetura sobre el origen de la literatura argentina se cruza con el análisis de una marca constante, hasta me atrevería a decir ¨actual¨ de nuestra cultura: mirar lo nuestro a través de un cristal traído de Francia, España o EEUU, según las épocas. Dice Viñas: ¨La literatura argentina emerge alrededor de una metáfora mayor: la violación¨ (De Sarmiento 16). Metáfora que en El Matadero y en Amalia muestra la tensión entre ¨carne¨ y ¨espíritu¨, ¨masa¨ e ¨intelectuales¨, ¨barbarie¨ y ¨civilización¨. Tensión que, convertida en programa, ha justificado la ¨liquidación¨ de lo que se identificaba con el primer término de la dicotomía. Confirmación de que el fin en varias ocasiones ha legitimado los medios: ¨Querían que la Argentina fuese hablada por Europa... ‘Humanizar’ el país a los efectos de que les devolviera su propia imagen¨ (Viñas De Sarmiento 16).
Próximo a las tesis que Prieto desarrolla en Sociología del público argentino, Viñas rescata al Martín Fierro: obra en la que el ¨pueblo¨ deja de ser una mera ¨invocación retórica¨, un tópico inofensivo. Valora el trabajo de la Primera Parte del libro, la que Hernández escribe en 1872 y que lo ubica como una suerte de ¨vocero de la masa¨; no así la Segunda Parte en la que termina cediendo a las presiones de su clase social. Movimiento que podemos caracterizar valiéndonos de los giros usuales de Viñas: de la ¨epopeya del trabajo forzado¨ (que culmina prácticamente en el anarquismo) a la ¨didáctica del trabajo honrado¨ construida a partir de los consejos que ¨el haber pasado por¨ parecieran legitimar. En los cambios de tono de su personaje central es posible leer una operación de reubicación política: la que Hernández realiza en 1879. Movimiento que Viñas describe como un pasaje del ¨paternalismo¨ a la ¨reconciliación¨ y del que parece no sorprenderse: ¨Hernández, después de verificar sus límites, vuelve al seno de la ideología de su clase; el cuerpo que le ofrece la indiada no puede reconocerlo como propio¨ (Viñas De Sarmiento 25).
También cerca de las tesis derrolladas por Prieto en La literatura autobiográfica argentina, analiza las operaciones políticas de Una excursión a los indios ranqueles desnudando los contrabandos discursivos, las alteraciones del nombrar que buscan poner legitimidad a las expropiaciones, a los avances violentos sobre los terrenos de los indígenas, sobre sus cuerpos y sobre sus almas. Parodiando las formulaciones de la ¨literatura de frontera¨ en la que incluye al escrito de Mansilla, Viñas sintetiza las operaciones ideológicas desplegadas enmarcándolas en las políticas de colonización y de borramiento del otro: ¨Avanzar y conquistar son sinónimos siempre. La naturaleza ya no propone ‘adoración’ sino ‘explotación’. La piadosa versión eclesiástica que se le da es convertir; triunfar, la castrense y producir la traslación empresarial.¨( De Sarmiento 31).
Inconformista. Denuncialista (como le llaman Avaro y Capdevila, retomando las declaraciones que Viñas realiza en Marcha en 1959 en una suerte de retrospectiva sobre Contorno y su producción). Innovador. Tres palabras que intentan caracterizar una práctica de intervención en la cultura a partir de la escritura inteligente, polémica, incisiva y a partir de una actividad docente que pone las tesis que esa escritura permite armar en el corazón mismo de la transferencia. Razones suficientes para entender por qué el otro inconformista, denuncialista e innovador lo había elegido para que ocupara su cátedra.
Toqueteo ambiguo sin esfuerzo ni fidelidad
Bajo el nombre de La batalla de las ideas Sarlo edita una compilación de artículos representativos de las tensiones que atraviesan la cultura Argentina entre 1943 y 1973. Escoge allí los textos firmados no por ¨políticos¨ sino por ¨intelectuales¨. Distinción que realiza en el ¨Estudio introductorio¨ donde aclara que Altamirano recoge otro conjunto de escritos firmados en la misma época por militares, sindicalistas, agrupaciones políticas y dirigentes. Altamirano escoge el título Bajo el imperio de las masas para su compilación. Dice: ¨sabíamos ... que en la Argentina de mediados del S. XX ... el movimiento de las ideas no era más el dominio exclusivo de una minoría de letrados -tenía ámbitos más numerosos y canales de resonancia incomparablemente más potentes¨ (Bajo 11).
Para un mismo período, distintos nombres que exhiben dos lecturas de la relación entre lo político, lo social y lo intelectual.
Más cercana al énfasis de Sarlo, inscribo bajo su nombre el fragmento de la época del que aquí me ocupo y, más precisamente, retomo el título para subrayar el sello que identificaba el trabajo intelectual de entonces: la batalla de las ideas. Marca que singulariza una práctica que define a la vez una ética y una política ajenas a lo que con inteligencia y mordacidad Viñas ha llamado ¨el toqueteo ambiguo sin esfuerzo ni fidelidad¨.
Los ensayos sobre los que me he centrado y que se escribieron en el arco comprendido entre 1953 y 1970 permiten contestar afirmativamente (aunque, cabe subrayarlo, de forma incompleta) las preguntas de Osorio que abren este artículo. Si algo marca el trabajo crítico de Adolfo Prieto y de David Viñas, eso es el intento de inventar un nuevo modo de producir lecturas de la literatura argentina y latinoamericana. Un modo atento a las inscripciones singulares que sólo quienes pueden leer la literatura en intersección con un análisis del contorno social pueden lograr. Una forma de asedio de los textos que se vale de categorías importadas pero para producir algo nuevo: nuevas inscripciones, nuevas escrituras.
En ¨Estudios latinoamericanos y nueva dependencia cultural (apuntes para una discusión)¨, Osorio sostiene que ¨para los investigadores latinoamericanos es empobrecedor no conocer lo que están haciendo y produciendo sus colegas en Venezuela, en Argentina, en Cuba o en Bolivia¨ (2). Porque comparto esa afirmación, porque creo en la necesidad de revisar, estudiar y dar a conocer lo que hemos podido producir desde este lado del mundo (reconstruyéndolo en el caso de que sólo queden de esos eventos rastros y cenizas), porque creo en la importancia de poner en diálogo los resultados de nuestras investigaciones, escribo y firmo este trabajo que intenta también ser un aporte a la configuración del archivo y de la memoria.
El 1º de noviembre de 1977 Ángel Rama escribe en su Diario: ¨En nuestro continente ... es escaso el aporte teórico de envergadura (citamos a Reyes, a Henríquez Ureña como altas excepciones)¨ (83). Interesante el movimiento que aproximadamente dos décadas atrás se había empezado a gestar en Latinoamérica y que, evidentemente, era complejo evaluar desde la cercanía. Extrema modestia de Rama que desde sus papeles privados mira aún con desconfianza los pequeños avances de entonces. Pasados más años es posible descubrir la importancia de lo que desde el ’50 a esta parte se ha producido desde Latinoamérica en el campo de los aportes teóricos sobre la literatura y que el mismo Ángel Rama ha promovido junto a otros entre los que se inscriben los nombres de Adolfo Prieto y de David Viñas.
Notas
1 El artículo presentado, ¨Importación de teorías: recreación y colonización de la crítica literaria argentina (1960-1970)¨, contrapone los procesos de ¨recreación categorial¨ y de ¨invención¨ al ¨aplicacionismo¨ y recupera en particular las prácticas promovidas por Adolfo Prieto que ejerció la docencia en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional del Litoral en la cátedra de ¨Literatura argentina¨. Prácticas interrumpidas por las dictaduras: la de 1966 primero, la de 1976 después.
2 Este trabajo, realizado en el marco de una Beca Posdoctoral del CONICET, no intenta caracterizar el ¨campo intelectual¨ (Bourdieu 7-26) argentino en el arco temporal recortado (no se describe qué acontecía en el plano editorial, en el espacio de las revistas literarias -salvo que quien haya firmado los artículos sea alguno de los autores que se estudian-, del cine, del teatro) sino producir aportes en este plano específico que entiendo relevante a la hora de armar una historia de la crítica literaria escrita con sello latinoamericano. Cabe aclarar que tomo resultados de otras investigaciones que se ocupan de estos aspectos que soslayo y las pongo en diálogo para enmarcar mis análisis. Entre ellas destaco: Editores y políticas editoriales en Argentina 1880-2000 y ¿Quién de nosotros escribirá el Facundo? Intelectuales y escritores en Argentina 1970-1986 de José Luis De Diego; Centro Editor de América Latina. Capítulos para una historia de Bueno y Taroncher, Intelectuales y expertos. La constitución del conocimiento social en Argentina de Neiburg y Plotkin, Freud en Las Pampas de Plotkin y Las revistas literarias argentinas 1893-1967 de Lafleur, Provenzano y Alonso.
3 Distinción de Panesi que ayuda a diferenciar las controversias restringidas al espacio académico y las que lo desbordan al involucrar a diferentes sectores sociales. El crítico llama ¨discusiones¨ a las primeras y ¨polémicas¨ a las segundas (Panesi 13).
4 Es importante aquí analizar las diferentes revisiones de su escrito de 1964 y cómo reaparece Lugones. Por ejemplo, en 1970 en Literatura argentina y realidad política. De Sarmiento a Cortázar le dedica el capítulo ¨Culminación y muerte del escritor burgués: Lugones¨ incluido en el apartado ¨Itinerario del escritor argentino¨. En 1975 en Literatura argentina y realidad política. Apogeo de la oligarquía, le dedica el capítulo ¨Lugones: hidalgo rimbaldiano¨ en el marco de un apartado que lleva sus típicos encuadres temporales: ¨De los gentlemen-escritores a la profesionalización de la literatura¨. En 1996 una nueva reinscripción del tema que ha obsesionado a Viñas se resalta en el título de su clásico libro. Esta vez se omite la palabra ¨política¨ y se modifica el recorte temporal incluyendo a Lugones como uno de los referentes para señalar el corte. El otro, el que señala el otro corte, es nada menos que Rodolfo Walsh cuya escritura produce un hito en el modo de pensar la relación entre literatura y política. En Literatura argentina y realidad política. De Lugones a Walsh, Viñas reinscribe el capítulo sobre Lugones e incorpora uno nuevo: ¨Más sobre Radiografía de La Pampa: una retórica entre Lugones y Sarmiento¨.
5 En el extenso artículo ¨Leopoldo Lugones: mecanismo, contorno y destino¨, Viñas realiza una contraposición entre Lugones y Martínez Estrada que, lejos de aportar a su intención declarada de ¨valorar a Lugones¨ (33), bien parece apuntar hacia la dirección opuesta.
6 Trabajo sobre esta conjetura en el ya citado artículo presentado en la última reunión de JALLA (Bogotá, 2006).
7 Retomo para realizar esta afirmación las preguntas abiertas desde ángulos distintos por los siguientes trabajos: ¨Para una teoría literaria hispanoamericana: a veinte años de un debate decisivo¨ de Cornejo Polar; ¨Modernidad alternativa y debate cultural en Perú y en América Latina¨ de Bueno ; ¨Cultural Studies: Reworking the Nation, Revisiting Identity¨ de Sarlo; “Identity and Nation: more of the same?” de Moraña y Ficciones culturales y fábulas de identidad en América Latina de Montaldo.
8 La literatura de Viñas intenta traducir en códigos de ficción las conjeturas de sus ensayos. Este refuerzo por cruce no parece operar productivamente, al menos en este caso. La impronta sartreana de la ¨literatura comprometida¨ deja su marca en Cayó sobre su rostro, en Un Dios cotidiano y llega a su extremo en novelas como Los dueños de la tierra en la que un epígrafe de Martínez Estrada (autor transitado reiteradamente en sus artículos) refuerza y adelanta la ¨tesis¨ que la narración busca construir. Entiendo que el recurso que potencia sus ensayos y que consiste en componer una escritura que tiene la fuerza de la palabra literaria no es trasladable a la inversa, es decir, el intento de volver ensayísticas sus novelas les quita poder (tal vez por la excesiva obviedad de las hipótesis; por ejemplo, la construcción de algunos personajes raya el estereotipo al dar lugar a conductas previsibles, rasgos excesivamente pronunciados). Igual movimiento puede advertirse en Osvaldo Bayer: la eficacia compositiva lograda por los extensos trabajos que integran los cuatro tomos de La Patagonia Rebelde no puede compararse a la debilidad escrituraria de la novela Rainer y Minou que, al igual que la novela de Viñas, intenta subrayar desde un epígrafe (esta vez, del propio Bayer), la tesis que la ficción busca instalar apelando a recursos similares a los recurrentes en las novelas de Viñas.
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